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divendres, 26 de setembre de 2014

PREMATURIDAD: ¿Cómo afecta al desarrollo de nuestros hijos?

En los últimos años, gracias a los avances médicos en cuidados intensivos neonatales, hemos asistido a una disminución significativa de la tasa de mortalidad en los niños prematuros. En Estados Unidos, se ha pasado de una tasa de mortalidad del 12/1000 nacimientos a un 7/1000 nacimientos.  No obstante, los niños que consiguen sobrevivir a las complicaciones médicas perinatales, a menudo son nacidos antes de término,  con una baja edad gestacional y bajo peso al nacer  lo que, en conjunto, a menudo les conlleva distintas complicaciones médicas y en el desarrollo en general.
De acuerdo con los datos del Centro Nacional de Estadística en el 2005 en EUA (Hamilton et al. 2006), los niños con bajo peso al nacer (<2,500 g) o muy bajo peso al nacer (<1,500 g) representan el 8,2% y 1.5% de los casos respectivamente. Los niños con peso extremadamente bajo al nacer representan un 0.4% (>750gr). De estos, se calcula una supervivencia del 80% de los casos de prematuros extremos.  Del mismo modo, los niños nacidos pretérmino (<32 semanas de edad gestacional), o prematuros extremos (<29 semanas de edad gestacional), representan el 12.7% y el 2% respectivamente.

Desafortunadamente, esta disminución de la mortalidad ha evolucionado en paralelo a un aumento de las alteraciones en el neurodesarrollo de los niños prematuros, que incrementan a menor edad gestacional y menor peso al nacer. Entre ellas encontramos complicaciones como: la parálisis cerebral, sepsis, patología pulmonar, endocoletiasis y alteraciones neurológicas (hidrocefalia, dilatación ventricular, alteraciones sustancia blanca) que pueden conllevar un espectro amplio de distinta gravedad de déficits cognitivos en edad escolar.

Algunos estudios (Taylor et al., 2004), destacan que incluso los niños prematuros extremos con un neurodesarrollo aparentemente “normal”, a menudo sufren dificultades en los aprendizajes académicos a largo plazo, especialmente en áreas como  las matemáticas. Estas dificultades académicas se deben en su mayoría a las alteraciones cognitivas en cuanto al rendimiento cognitivo general (CI) y de manera más específica en los dominios de la atención y el funcionamiento ejecutivo.

Estos déficits en funciones cognitivas como la atención y el funcionamiento ejecutivo se deben, mayoritariamente, a disfunciones neurobiológicas asociadas a sufrimiento fetal y periodos de deprivación de oxígeno y/o glucosa en fases muy tempranas del desarrollo. Por lo tanto, en muchos casos estas dificultades pueden ser explicadas por correlatos anatómicos cerebrales debido a agresiones en fases iniciales del neurodesarrollo (formación de neuronas, migración, formación de nuevas sinapsis y circuitos cerebrales). 


¿Qué dificultades pueden aparecer en la edad escolar?
En general, las dificultades no suelen detectarse hasta los inicios de la escolarización primaria, cuando se observa de manera más destacada la dificultad en la adquisición de algunos aprendizajes en comparación con el resto de compañeros de su misma edad.
Las habilidades cognitivas implicadas en los aprendizajes son múltiples. Así, la adquisición de aprendizajes curriculares como la lectura, deletreo, escritura, cálculo, razonamiento matemático, técnicas de estudio,  etc. implican capacidades cognitivas concretas como planificación, abstracción, secuenciación, velocidad de procesamiento, aritmética llevadas a cabo por áreas y circuitos cerebrales específicos.
En niños prematuros suele ser frecuente que, aun teniendo un CI dentro de la media de la normalidad, aparezcan problemas en los aprendizajes durante la edad escolar. Esto se debe a una disfunción ejecutiva y déficit atencional debido a la afectación en el proceso de neurodesarrollo que conlleva dificultades en el razonamiento y resolución de problemas en general en el día a día del niño/a.
Por ello, es importante detectar las dificultades escolares e intervenir de forma precoz, puesto que, a diferencia de las clásicas concepciones que apoyan tópicos y etiquetas como “ya madurará”, “tenemos que dejarle tiempo”, “él solo se pondrá al nivel”, “es inmaduro”, etc. hoy en día los avances científicos demuestran la importancia de la intervención precoz para la eficacia del tratamiento a nivel neuropsicológico y psicopedagógico que englobe la intervención directa con el niño así como un asesoramiento a padres y escuela como parte fundamental del tratamiento.
¿Cómo puede influir en su desarrollo social, emocional y conductual?
Cuando hablamos de dificultades sociales y emocionales nos referimos a los problemas que puedan aparecer en el niño al interaccionar con su entorno (escolar, amistades, etc.), cumplir  normas, socializarse de forma adecuada, resolver conflictos emocionales de forma razonada y estable, poder regular su conducta, etc.  En general, es normal que algunos niños tengan dificultades para autorregular su comportamiento y a menudo se salten normas o actúen inadecuadamente.
No obstante, los niños prematuros suelen tener con más frecuencia dificultades en estrategias de afrontamiento y manejo de problemas emocionales asi como dificultades para estar tranquilos, comer y dormir bien. Para ello, es importante hacer un seguimiento hasta la juventud para evitar dificultades en la autoestima y habilidades sociales.
Por otro lado, los estudios demuestran una mayor incidencia de casos de Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH) en niños con premautirdad y bajo peso al nacer, a menudo por la sintomatología clínica y los procesos neurobiológicos que tienen en común, es decir, en los aspectos atencional y de funcionamiento ejecutivo y los circuitos fronto-subcorticales. Además, se ha descrito una mayor incidencia de un perfil de TDAH de subtipo disatencional.
¿Qué podemos hacer para ayudar a nuestro hijo?

Hoy en día la mayoría de intervenciones específicas en niños prematuros, están centradas en mejorar su rendimiento a través de una estimulación cognitiva para trabajar y compensar sus dificultades.
Las intervenciones a largo plazo van dirigidas a ayudar al niño a medida que éste va creciendo y el nivel de exigencia escolar va aumentando. Cabe destacar, que el inicio de cualquier intervención neuropsicológica debe partir de un estudio neuropsicológico completo, que evalúe el  perfil cognitivo, emocional y conductual de cada niño de manera individualizada para plantear objetivos de tratamiento específicos.
En general, los objetivos terapéuticos a intervenir se centran en:

-      -  Intervención dirigida a padres: pautas de manejo de conducta, psicoeducación
-       - Intervención dirigida al niño: estimuación cognitiva, técnicas de estudio, intervención en funciones ejecutivas y atencionales
-      - Intervención dirigida al colegio: asesoramiento y pautas a escuela

Finalmente, la colaboración conjunta entre los padres y los profesionales de la educación y sanidad que intervienen en el desarrollo del niño es fundamental para asegurar la eficacia del tratamiento.


Marta Sanz Palau
Neuropsicóloga
N.Col. 21329


Referencias
1.    Hamilton, B. E., Martin, J. A., & Ventura, S. J.,2006. Births: Preliminary data for 2005. Health E-Stats. Retrieved November 21. www.cdc.gov/nchs/products/pubd/hestats/prelimbirths05/prelimbirths05.htm
2.     March of Dimes: Prematurity, born too soon, too small: Perinatal epidemiology research initiative. March of Dimes Research Annual Report: The Promise of Science, March of Dimes Birth Defects Foundation, White Plains, NY 1998.
3.     Bennett FC. Developmental outcomes. In Neonatology, Pathophysiology, and Management of the Newborn, eds Avery GB, Fletcher M and MacDonald MG. Lippincott, Williams, & Wilkins, Philadelphia, PA 1999, 1479-1497.
4.     Owen, 2010. Pediatric Neuropsychology. Chapter 2. Taylor, G. Children with Very Low Birthweight or Very Preterm Birth

Para saber más...
http://jama.jamanetwork.com/article.aspx?articleid=195181

http://www.medscape.com/viewarticle/461571_3

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